"EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS". "THERE IS BEAUTY IN PAIN, TOO"

15 may 2014

VAMPIRE HEART

Después de pasar otro día más sin dormir apenas nada, Jess salió del viejo almacén que hacía las veces de casa para ella. Supuestamente debía ejercer como farolera, pero esa era la última de sus preocupaciones. Caminó por las estrechas y oscuras callejuelas de los barrios de mala reputación, en donde las prostitutas comenzaban su jornada, y se encontró con Jirou junto a la torre cuando ya la noche se cernía inexorablemente sobre la ciudad de Londres. 

- ¿Has dormido bien? – preguntó con sarcasmo, sonriendo de forma que sus colmillos se percibían claramente. 

No contestó, puesto que él estaba al tanto de sus problemas para conciliar el sueño. Asimismo, él no necesitaba dormir. La única condición para la supervivencia de su raza era que no podía exponerse abiertamente al sol y Londres era una ciudad tan oscura que no tenía dificultad para cumplirla. 

- Tengo algo interesante – dijo para captar su atención – Un asesinato. 
- ¿Es él? – una pequeña chispa de esperanza nació en su interior, pero se encargó de que no se reflejara en su rostro, aunque quizá Jirou lo percibió. 
- Anoche encontraron a una prostituta en el cementerio de St. Mary. La enterraron viva y, pasados unos días, el asesino volvió a por el cadáver. 
- Podría ser un asesino corriente – dijo ella con desilusión. 
- No creas – la contradijo – Lo más interesante es que la mujer fue violada... antes y después de morir - la mueca de horror que apareció en el rostro de Jess debió de ser suficiente para expresar lo que sentía ante un acto tan repugnante. 
- ¿Estás seguro de eso? – su mente seguía sin poder comprender semejante crimen. 
- Lo he visto – dijo simplemente Jirou. 

Y de pronto, como si hubieran alcanzado algún tipo de silencioso acuerdo, tuvieron claro lo que había tras aquel simple indicio: era él. Tenía que ser él. Sin decir nada más, se pusieron en camino hacia el cementerio. Jirou mostraba su semblante habitual y, si sentía algo diferente esa noche, no lo demostró. En cambio, Jess pensaba en lo que pasaría una vez que lo encontrasen. Y también en la tarea que debía cumplir después de que eso ocurriese. No iba a ser nada fácil. 

Llegaron pronto a la iglesia. La pequeña capilla de St. Mary refulgía en la oscuridad con un resplandor blanquecino, producto de la débil luz de la luna que asomaba tímidamente entre las nubes. En la parte trasera, el cementerio en penumbra mostraba un aspecto lúgubre y tenebroso, con las lápidas y las cruces torcidas emergiendo entre la maleza. No serían más de cincuenta; era un sitio pequeño. 

La chica y el vampiro se dirigieron al lugar donde la tierra había sido removida recientemente. Habían retirado el cadáver para dejar paso a la posterior investigación de la policía, quienes obviamente se hallaban perplejos. Comenzaron con su vigilancia: Jess se quedó en el pequeño bosquecillo situado tras el cementerio, escondida entre los árboles, mientras que Jirou entró en la capilla, y lo perdió de vista. 

La espera se hacía interminable, más que nunca. Las horas transcurrían con lentitud y aún faltaba para el amanecer. Jess estaba a punto de quedarse traspuesta cuando algo captó su atención. Una sombra cruzó fugazmente el tejado de la iglesia, iluminada por la luz de la luna tan solo durante un segundo. Apenas unos momentos más tarde, vislumbró la figura de Jirou saltando por el campanario. Inmediatamente, echó a correr atravesando el pequeño bosque y, tras dejar atrás el cementerio, por fin alcanzó la capilla. Escuchó unos extraños ruidos y se apresuró a subir las escaleras lo más rápido posible, dado que no poseía la habilidad sobrehumana de Jirou para saltar. 

Cuando llegó a lo alto de las escaleras, la puerta de madera que tenía enfrente se abrió de golpe y su corazón dejó de latir por unos instantes. Allí estaba el vampiro, con su espada desenvainada y los colmillos afilados reluciendo en la oscuridad; lo observó un momento y seguidamente su vista se posó en el individuo que se encontraba entre ambos y sonreía de forma macabra ante su espanto. Al fin, después de tres años, le había encontrado. El asesino de su hermana y de Mark. 

- ¡Jess! 

El grito del vampiro la hizo reaccionar, devolviéndola a la realidad. Sacó su arma y le apuntó con ella, vacilante. Él lanzó una carcajada de maníaco y desapareció de un salto por la ventana antes de que pudiera disparar. Apenas podía comprender lo que acababa de pasar. Permanecía en la misma posición, con el brazo en alto y apuntando con el arma a un objetivo imaginario. Lo siguiente de lo que se dio cuenta fue que Jirou le estaba gritando. 

- ¡Le has dejado escapar! – decía, furioso. Ella se limitó a bajar el arma, sin mirarle siquiera - ¡Joder, Jess! ¿Dónde coño tienes la cabeza? – continuó - ¡No volveremos a tener esta oportunidad! 
- ¡Cállate! 

Aquello era demasiado para Jess. Decidida a terminar con todo de una vez, volvió a sacar el arma y, apuntando a Jirou, le disparó. Él se agarró el hombro, donde le había dado la bala, con un gesto de dolor, pero estaba ileso. Luego, dio un paso adelante y la golpeó, enviando el arma al otro extremo de la habitación. No tuvo tiempo de defenderse cuando el vampiro la agarró de la muñeca con una sola mano y apretó, tan fuerte que cayó de rodillas al suelo con un gemido ahogado. Echó la cabeza hacia atrás, apretando los dientes; el sombrero se le había caído y el pelo largo caía en mechones desordenados sobre su rostro. Los colmillos del vampiro parecían más afilados que nunca, sus ojos brillaban. 

Al fin, pareció recuperar la cordura, porque su mirada volvió a ser la de siempre y soltó a la chica, que se puso en pie. Él le dio la espalda, jadeando, tratando de calmarse. No lo logró, ya que se volvió hacia ella, gritando nuevamente: 

- ¡¿Por qué has hecho eso?! 
- ¡Tengo que vengar a mi hermana! – contestó de igual modo. 
- ¡Pero es a él a quien tienes que matar! – dijo Jirou – Solo así vengarás su muerte. 
- ¡Cállate! – lágrimas de rabia comenzaban a asomar a sus ojos - ¡Tú no sabes nada de mi hermana! 
- Sé más de lo que crees – dijo él en voz baja. 
- ¡Por supuesto! ¡Tú la mataste! – le dio un empujón antes de echarse a llorar definitivamente. Toda la angustia y el miedo que se habían acumulado en su interior durante tres años escaparon en forma de lágrimas furiosas y sollozos ahogados. 

Jess perdió el equilibrio y se balanceó hacia delante, abrumada. Fue consciente de que Jirou la agarró y la sostuvo un momento; luego, cuando quiso darse cuenta, se encontraba sentada a su lado en el tejado de la iglesia, con el sombrero entre las manos y el arma en su lugar, en la cintura. Había recuperado un poco la firmeza y trató de reprimir las últimas lágrimas. Había prometido no volver a llorar desde la muerte de su hermana; no lloraría delante de Jirou.

- No fui yo – dijo él de repente. 
- Tú la arrojaste hasta ese monstruo infernal – le contradijo, mirándole con desdén. 
- Eso no fue así. Nunca fue mi intención que ocurriera – explicó. 
- ¡Claro que sí! – no pudo evitar alzar la voz - ¡Te acercaste a Mark para usarla como cebo! ¡Él murió por tu culpa también! 

Jirou se mantuvo en silencio durante unos instantes. Luego, dijo: 

- ¿Tú le querías, no es cierto? 
- Era el marido de mi hermana – respondió Jess, como si eso fuera suficiente para no darle la razón. 
- Pero le amabas – insistió Jirou – Dices que todo esto es por tu hermana, pero en realidad lo que más deseas es vengar la muerte de tu amor.

El silencio de Jess debió ser prueba suficiente. No podía negarlo y, de cualquier manera, ya lo había perdido todo. Era verdad. Conocía a Mark desde la infancia; siempre estuvo enamorada de él, pero escogió a su hermana. A pesar de ello, sus sentimientos nunca cambiaron. Aún le quería, aunque estuviese muerto, y tenía que acabar con su asesino. Por él y por su hermana. En cuanto a Jirou, ese maldito chupasangre era el culpable de todo aquello y se encargaría de hacérselo pagar a su debido tiempo. 

- Eso no importa – declaró, casi recordándose también a sí misma – Ella murió por tu culpa. 
- Jess – replicó él – Creo que no conoces toda la verdad. 
- No la necesito – rechazó - ¿Qué motivo tendrías si no para acercarte a ella? 
- Ella me amaba – contestó – Y yo a ella también. 

Eso era lo último que habría esperado escuchar. Su primera reacción fue no creerle, pero le miró a los ojos y vio la verdad escrita en ellos. Su rostro lo decía todo: no mentía. Segundos después, la invadió una repugnancia absoluta hacia ese bastardo y un odio aún mayor, a la par que aumentaban también sus ganas de matarle por haber engañado a su hermana de una forma tan cruel. 

- Cómo pudiste jugar con sus sentimientos de esa manera – escupió. 
- No lo hice – dijo Jirou – Mark nunca llegó a saber lo que yo era, pero ella sí, y no le importó. 

>>Es cierto que me interesaba relacionarme con Mark debido a sus contactos con la policía – confesó – Pero nunca esperé conocer también a su esposa, ni mucho menos enamorarme de ella, una mujer humana – al llegar a este punto su tono de voz adquirió un matiz de melancolía al revivir el pasado – Le conté quién era el día que me confesó que me amaba, pero no me rechazó. Nos encontrábamos por las noches, a veces, y aunque ella estuviera casada yo sabía que su amor era solo para mí. Cuando murió Mark no dijo nada, pero se sentía culpable, además de culparme a mí por no haberlo salvado. Aquella noche, cuando la encontré, yacía moribunda entre mis brazos, cubierta de sangre. Algo demasiado peligroso. Me miró a los ojos y me suplicó que la mordiese. Yo quería retenerla a mi lado de esa forma; hubiera sido demasiado egoísta condenarla a llevar la existencia de un vampiro. Decidí que su lugar estaba junto a Mark, en esta vida o en la otra. Solo pude ver decepción en sus ojos antes de que los cerrara para siempre. 

El vampiro finalizó su relato con un deje de amargura. Jess no sabía qué decir, pero no dudaba ya de sus palabras. Jamás lo había visto expresar emociones tan humanas de una forma tan sincera. Tenía que ser cierto. 

- La dejaste morir – comentó, jugueteando con el sombrero. 
- Era lo mejor. Aunque ahora me arrepiento de haber dudado de su amor – contestó Jirou – Por eso quiero atraparle, más que nunca. 

Sorprendentemente, en esos momentos sintió lástima por Jirou. Un extraño vínculo invisible se había formado entre ambos, como si el espíritu de su hermana hubiera llegado hasta ellos para hacerlos entenderse. Él se puso en pie y ella lo imitó, poniéndose el sombrero y colocándose las ropas. La cogió en brazos y bajaron de un salto. Una vez en el suelo, Jess se soltó apresuradamente. Había notado que le ardían las mejillas, así que se bajó el sombrero para ocultar su rostro. Sin decirse nada, se marcharon en direcciones opuestas, justo cuando el sol asomaba por el horizonte.

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