"EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS". "THERE IS BEAUTY IN PAIN, TOO"

20 abr 2014

PLAYING GODS

- ¡No, no, no! ¡Joder, no! 

Las luces parpadeantes brillaban sobre sus cabezas, de un blanco tan intenso que casi hacía daño. Un olor aséptico e impersonal impregnaba la estancia, tratando de enmascarar el aroma rancio de la muerte, que poco a poco se abría paso arrastrando su corrupta estela tras de sí. Sintió la presión de la mano de su compañero sobre su brazo, pero le apartó en un gesto brusco y siguió con lo que estaba haciendo. Las luces volvieron a parpadear, los pitidos eran constantes. Las voces se apagaron. 

- Déjalo, ya no puedes hacer nada - las palabras resonaron como un lejano murmullo, con un eco leve, como si la voz surgiera de las profundidades. 

Uno, dos, tres, cuatro. Expulsó el aire con toda la fuerza de sus pulmones, con cuidado de que no escapara nada por las rendijas. Otra vez: un, dos, tres, cuatro. Con fuerza, sin bajar el ritmo. Su compañero intentó apartarla de nuevo, pero no se lo permitió. Siguió presionando hasta que se quedó sin fuerzas, hasta que empezó a faltarle la respiración y sintió que la cabeza se le iba. Con un gran esfuerzo, tiró de ese minúsculo hilo de conciencia y lenta, trabajosamente, regresó a la dimensión que le correspondía. La habitación parecía ahora más grande y ella más pequeña, un olor amargo había emergido de alguna parte y lo inundaba todo. Volvió la cabeza, pero no vio sino un bulto cubierto por una sábana verde. 

- ¡No, no podéis! - exclamó súbitamente, al tiempo que se levantaba. Esta vez, los fuertes brazos de su compañero lograron retenerla con éxito. Estaba a punto de derrumbarse. 
- Ya basta - dijo él - Ya ha acabado. 

Como había predicho, el pequeño cuerpo pareció perder toda esa energía en un segundo y se desplomó sobre sus brazos, desmadejado, casi inerte. Él cargó todo su peso encima de los hombros y la sentó en el suelo de baldosas, ya que no había asiento alguno en la sala. Ahora, los dos parecían aún más insignificantes, dos seres ínfimos en medio de una enorme cueva vacía. Permanecieron allí mucho rato. 

- Le dije que aún había esperanza. Le prometí... - empezó ella, pero las palabras se atascaban, no querían salir. Tenía la sensación de que si lo decía en voz alta, todo sería espantosamente real. En aquella especie de limbo, en esa tregua, aún cabía la posibilidad irracional de que fuera una pesadilla o un mal sueño... 
- Lo sé - dijo su compañero - Pero no somos dioses, ¿recuerdas? Sólo somos médicos. 

Ella asintió, debilitada. Estaba demasiado cansada para hablar de ello ahora. Deseaba echarse a dormir y que su agotado cerebro lo asimilara todo de forma automática, pero dudaba mucho poder contar con el placer del descanso, al menos durante algunas noches. Era una de aquellas veces que las cosas seguirían su curso de la forma difícil. Era otra fecha que anotar en el calendario. Cómo lograba sobrellevar todas esas muertes, aún no lo sabía. Quizá solo lo compensaba el hecho de salvar muchas otras vidas.