"EL SUEÑO DE LA RAZÓN PRODUCE MONSTRUOS". "THERE IS BEAUTY IN PAIN, TOO"

5 nov 2013

REMEMBRANCE

Es de noche y hace frío. Sopla un viento helado que azota sin piedad las lonas de los barcos y hace crujir los mástiles, las jarcias. El hielo y la escarcha se posan sobre la madera sacando astillas y se cuelgan de los cabrestantes en forma de carámbanos como murciélagos dormitando en su cueva.

En el puerto, una dama blanca espera, expectante en la noche oscura, insensible a las inclemencias atmosféricas. No anhela la libertad que prometen esos barcos varados, ni aguarda el regreso de su amado de tierras lejanas. El fuerte viento hace revolotear su pelo rojo anaranjado alrededor de la nuca semejando las chispas danzarinas que saltan de un fuego. Su pena es grande, pero sus ojos no la translucen. Sus lágrimas también están congeladas, por sus venas corren ríos de hielo y quizá es eso lo que le permite soportar el desaliento más profundo y el frío helado de la noche.

La dama blanca se lleva las manos al pecho y sus labios pálidos dejan escapar un suspiro que se convierte en vaho antes de morir. No se siente como esas princesas de cuento, aunque lo sea. No viste con tules rosas y pieles suaves en el invierno, no le fascinan la belleza de las flores ni los poemas de amor. Esos poemas de amor que siempre cuentan cuentos perfectos, que no son verdad. Ella no sabe lo que es el amor. Pero sabe lo que son el destino y la muerte.

El invierno está en su apogeo, en su momento más bello, cuando las nieves caen renovando el mundo cada noche con su manto blanco. Ningún barco vendrá hasta dentro de muchos meses, los caminos están cerrados. La princesa se acerca hasta el acantilado, arrastrando el vestido por las rocas desnudas y sintiendo el frío y la dureza del suelo en los pies descalzos. Desde allí puede ver el mar en toda su plenitud, ahora más embravecido y furioso, agitado por el viento. La dama blanca da un paso al frente y se deja caer ingrávida hasta hundirse en el agua helada. El frío le corta la respiración de inmediato y el agua le entra en los pulmones ahogando sus lamentos en cuestión de segundos. El vasto océano se convierte en su húmedo mausoleo, una tumba eterna, un cementerio que ahora sólo a ella le pertenece.

Es por la mañana. Las gaviotas acuden al acantilado antes de que amanezca para vigilar sus nidos. Sus graznidos, incomprensibles para los humanos, hablan hoy de algo distinto. Sus patas gomosas se quedan continuamente atrapadas en un extraño líquido denso y viscoso de color rojo oscuro, casi negro. Y unas hojas de árbol que jamás antes habían visto barren el acantilado levantadas por las corrientes de aire. No saben que asemejan pergaminos con canciones de amor y danzas de muerte.


1 comentario:

  1. Que bonito y que triste! Me ha encantado el relato... Gracias por dejarnos compartir tu sensibilidad y tus historias y gracias a Marina por las maravillosas ilustraciones. Esto promete! @HotmailMaribux

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